“El loco del martillo”: Marcos López bate récords con una muestra mutante
El artista cambió toda una sala de Fundación Larivière, donde se extendió la exposición que abarca medio siglo carrera en la fotografía; van más de trescientas personas cada fin de semana
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“No salgan que anda por la calle el loco del martillo”, advertían los padres en Gálvez, la ciudad santafecina donde pasó su infancia Marcos López. “El espíritu de este montaje está inspirado en ese personaje: desde un lugar catártico y de anarquía, agarré clavos y un martillo y empecé a colgar sin ninguna coherencia, más allá de la vitalidad misma”, dice ahora el polifacético artista, que acaba de cambiar por completo una de las salas de su muestra inaugurada en noviembre en Fundación Larivière. Una retrospectiva que abarca medio siglo de trabajo con la fotografía -desde cuando estudiaba Ingeniería- y ya es la más visitada en la historia de la institución.
“Es un blockbuster total: desde noviembre vienen más de trescientas personas cada fin de semana. Y cuando anunciamos un taller con Marcos, se agotaron las entradas en una hora y media”, señaló a LA NACION Felisa Larivière, presidenta de este espacio inaugurado en La Boca en 2022. Tras semejante éxito, la exposición se extendió hasta fin de julio y nadie lo detuvo cuando él preguntó: “¿Puedo hacer lo que quiera en la sala dos?”
Lo que siguió fue una maratón creativa para transformar una parte de Marcos López. Fotografía 1975-2025, exposición curada por Valeria González, en una propuesta que se desborda hasta incluir también pinturas y marcos realizados con ñandutí, tapas de botellas o fideos pintados de azul y amarillo. “Al día siguiente de la inauguración ya quería hacer cambios”, explica la exsecretaria de Patrimonio Cultural de la Nación, ya acostumbrada al estilo imparable de un artista que realizó intervenciones aún más osadas en el Centro Cultural Recoleta, el Palacio Libertad –cuando aún se llamaba CCK- y el museo Macro de Rosario.

“Marcos es más que un artista famoso: es un artista popular –agrega González-. Salvando muchísimo las distancias, es algo que solo logró Marta Minujín. El Pop Latino, en sentido expandido con todas sus variantes, es muy conocido, muy valorado. Tiene un nivel de llegada que no es común en el arte contemporáneo”.
A tal punto son famosas sus obras, que muchos se las apropian. No sólo en el sentido de copiarlas -como ya lo ha hecho más de un restaurante con su icónica obra Asado en Mendiolaza-, sino de forma literal. Otra de sus fotografías más conocidas, que recrea la figura del Gauchito Gil, desapareció la semana pasada mientras viajaba en un flete a la última edición de la feria de arte de Corrientes (ArteCO).
“No se sabe nada”, dice ahora a LA NACION López, que ofrece un millón de pesos a modo de recompensa. “Está sin firmar, no tiene valor en el mercado de arte. Seguro la robó alguien al que le gusta el Gauchito; tal vez no sabe quién soy”, aclara días después de haber lanzado con su característico humor una “pesquisa” virtual en Instagram.
Sí saben muy bien quién los 75.500 seguidores que tiene en esa red social su cuenta @marcoslopezvirtual y los organizadores de Arte en Pequeño Formato, feria que lo tendrá como “invitado de honor” del 10 al 14 de junio en el Museo de Arquitectura y Diseño (MARQ). Su nueva colección de objetos de cerámica intervenidos se exhibirá allí junto con piezas realizadas por artesanos populares, artistas emergentes y Carlos Masoch, fallecido el año pasado.
“Tú ya no tienes nada que hacer aquí”, dice que le dijo Gabriel García Márquez hace cuatro décadas mientras estudiaba cine en Cuba -en una escuela cofundada por el escritor colombiano y cineasta argentino Fernando Birri y el escritor colombiano-, antes de invitarlo a participar allí de un taller de guiones televisivos. Junto con esa experiencia única trajo de la isla una de las fotos que se exhiben en La Boca: la de un taxista cubano que posa junto a su auto con anteojos negros y una remera con el retrato del Che Guevara.
Detrás de cada imagen hay una historia. Como la del retrato de Isabelle Huppert, la actriz francesa que visitó la Argentina hace diez años, y a quien retrató por encargo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. “Tenía sólo una hora”, aclara mientras señala la ambientación que montó en su estudio para presentarla cual cantante de tango, junto a una botella de whisky, un cigarrillo apagado, su piano y un bandoneón prestado por un vecino.
Justo al lado colgó otra fotografía que muestra a Les Luthiers de una forma atípica: el grupo posa en una cancha de básquet, rodeado de pelotas, y cada uno de sus integrantes viste un traje de color distinto. “Ellos me contrataron para hacer una foto para su show –recuerda-. Yo hice la foto clásica, con trajes negros, y después les propuse esta idea, realizada con mi retocador digital. Pero no quisieron salir de su look, se autocensuraron o se asustaron. Yo creo que hubiera sido un boom ponerla en la vía pública”.
Igual de osada es la fotografía que muestra una botella de Inca Kola sobre un fondo de tonos flúo, tomada hace casi tres décadas. “Ahora, cualquier persona agarra una botella y le dice a Inteligencia Artificial: ‘Poneme este fondo’. Y lo hace en cinco minutos, con el teléfono. Todos estos acrílicos fueron recortados por mí con un cúter e iluminé la botella desde abajo para lograr ese efecto, que muestra un conocimiento del oficio”, dijo Marcos López en referencia a esta obra que considera “emblemática” de su famosa serie Pop Latino, en la cual se repite mucho un Carlos Gardel interpretado por Ángel Rico.
“Esta es mi mamá, y así decoraba su casa: colgaba platos falsos que parecen de porcelana, que compraba en un supermercado chino. Es lo mismo que estoy haciendo con esta exposición”, observa López antes de señalar el retrato de otra madre, con pañuelo blanco en la cabeza y el puño en alto. Lo realizó en la Plaza de Mayo en 1982, recién llegado a Buenos Aires, cuando se dedicaba al periodismo gráfico.
La primera artista a la que conoció en esta ciudad fue Liliana Maresca, con quien crearía una serie de fotoperformances que hoy integran importantes colecciones como la de la Tate de Londres. “Las hicimos en una mañana, con un rollo de doce fotos. En esa época solo se hacía un clic para no gastar película”, recuerda López sobre aquella colega que considera “clave” en su formación.
Además de retratos de colegas como Elba Bairon y Nicola Costantino a lo Betty Boop, hay varios referentes a los que rinde homenaje en esta muestra. Como Andy Warhol, Robert Mapplethorpe y Humberto Rivas. “Me suelen preguntar si le copiaba a David LaChapelle. Y yo digo: “Sí, sí, le copiaba’ –reconoce-. Mi generación copiaba todo. En el error y en el bajo presupuesto está el eje de la estructura de identidad de mi obra. Quiero hacer una foto como LaChapelle, el fotógrafo americano que hacía una producción de 50.000 dólares con catorce asistentes. Yo la hacía solo, con mi tía sosteniendo un jabón de lavar”.

Para agendar:
- Marcos López. Fotografía 1975-2025 en Fundación Larivière (Caboto 564), hasta el 26 de julio. Bono contribución: $6000.
- Arte Pequeño Formato, del 10 al 14 de junio en el MARQ (Av. del Libertador 999). Entrada gratis.







