“Se puede matar a alguien y hacerlo desaparecer”: la frase en una conversación sería clave en el crimen en Coghlan
Un testigo con reserva de identidad se refirió a una conversación registrada en una reunión en 2011; creen que dos amigos de Cristian Graf fueron reticentes al declarar en el caso por el homicidio de Diego Fernández Lima, ocurrido en 1984
6 minutos de lectura'


El pasado se vuelve contra Cristian Graf, el dueño de la casa de Coghlan donde, el 20 de mayo de 2025, fueron encontrados los restos de Diego Fernández Lima, su excompañero de colegio asesinado el 26 de julio de 1984. La víctima tenía 16 años.
Según fuentes judiciales, uno de los testigos afirmó que un amigo suyo le había contado que durante una reunión realizada en 2011, uno de los comensales “con un apellido de origen alemán” le habría dicho: “Se puede matar a alguien y hacerlo desaparecer”.
Este testigo declaró hace una semana; su testimonio fue incorporado en un legajo reservado de la investigación. Pero en las últimas horas se presentó un segundo testigo que confirmó la existencia de esa reunión y la ubicó en tiempo y lugar, aunque aclaró que no había escuchado la conversación.
Ambas declaraciones se concretaron horas antes de la realización del peritaje recomendado por los técnicos de la Gendarmería que revisaron el fondo de la casa de Graf, donde fueron hallados los restos de Fernández Lima. Inspeccionaron el jardín con un georradar y hallaron una serie de anomalías en el terreno.
Además, fuentes policiales indicaron que durante los próximos días se abocarán a profundizar esta pista y tratarán de establecer si el autor de esa frase habría sido el padre del dueño de la casa donde habría sido asesinado Fernández Lima.
El principal inconveniente de esta pista es que dos de las personas vinculadas directamente con esa frase fallecieron: el padre de Cristian Graf y el amigo que la escuchó.
No obstante, los investigadores policiales y judiciales están decididos a avanzar en la búsqueda de nuevos testigos y de elementos que confirmen quién fue el que dijo “se puede matar a alguien y hacerlo desaparecer” y si esa frase tiene alguna relación directa con el homicidio de Fernández Lima.
Desde que el cuerpo de su excompañero de la escuela técnica fue hallado en su casa, Cristian Graf negó su vinculación con la aparición del cadáver en el jardín de su casa y rechazó cualquier acusación que lo involucrara en el homicidio.
Si bien el 27 de octubre pasado el juez nacional en lo Criminal y Correccional Alejandro Litvack dictó el sobreseimiento de Graf, un mes después la Cámara del Crimen revocó esa resolución y dispuso que continúe la investigación en su contra.
En una resolución dictada el 29 de noviembre pasado, el juez Ignacio Rodríguez Varela dispuso investigar a Graf por su presunta responsabilidad en el asesinato del joven visto con vida por última vez en julio de 1984, debido a que sus restos fueron encontrados en el fondo de la casa en la que vivía con su padre, fallecido, y en la que aún reside.
A partir de esta resolución, el expediente regresó a la fiscalía a cargo de Martín López Perrando.
El representante del Ministerio Público se hizo cargo de la investigación el 20 de mayo del año pasado, cuando un grupo de efectivos de la Policía de la Ciudad fue alertado de que obreros que trabajaban en una obra en construcción en un lote situado en la avenida Congreso 3748 habían encontrado restos óseos cuando hacían una excavación para armar los cimientos y hacer una medianera.
Al lado de ese lugar había un chalet donde entre 2001 y 2003 vivió el cantante Gustavo Cerati. El músico le había alquilado la propiedad a la artista plástica Marina Olmi, hermana del actor Boy Olmi.
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) fue convocado para intentar identificar a quién pertenecían los restos. Primero determinaron que eran de un hombre joven; luego certificaron que había sido asesinado, ya que detectaron marcas de una puñalada en la cuarta costilla derecha.
La clave fue la descripción de algunos elementos encontrados junto con los huesos; especialmente, un reloj Casio con calculadora de los años 80. Cuando ese dato se hizo público, la familia Fernández Lima sospechó que podía tratarse de Diego, de quien no tenían noticias desde hacía 41 años. La madre del joven aceptó hacerse voluntariamente un examen de ADN que confirmó lo que intuían.
Esa confirmación dio paso a otra: en la casa donde Diego había sido enterrado vivía en 1984 Cristian Graf. Ambos habían sido compañeros de segundo año de la secundaria en una escuela técnica de Villa Ortúzar el año anterior. Eso lo puso en el foco de la investigación policial-judicial.
Al ser convocado a declarar como acusado, la defensa de Graf sostuvo que era inocente y deslizó la posibilidad de que hubiese otro responsable del homicidio, ya que en la época del crimen en el lugar del hallazgo del cuerpo había un pasillo que comunicaba la avenida Congreso y la calle Naón, que era de acceso público.
“El deceso acaecido en 1984 verificó un vínculo entre la víctima y el encausado en tanto resultaban ser ni más ni menos que compañeros de colegio, circunstancia suficientemente demostrada para sostener esa afirmación mediante informes y testimonios de quienes coincidieron con ambos en aquella época. Por ello, no hay posibilidad de desvincular, a esta altura, al nombrado del homicidio, ya sea como autor, cómplice o cualquier otro grado de participación, y en una línea temporal evidentemente distinta y excluyente a la del delito por el cual se pretende limitar el examen de su eventual responsabilidad”, se consignó en la resolución de la Cámara Nacional en lo Criminal y Correccional.

Además, la Sala IV de la Cámara insistió en que Fernández Lima fue agredido hasta su muerte y luego el asesino intentó desmembrarlo.
A los mencionados testigos de identidad reservada se sumaron las declaraciones de dos amigos del grupo de scouts al que concurría Graf; no lo dejaron bien parado.
“A partir de esta historia no sé quién es Cristian Graf. Esto sacudió la imagen que tenía de él”, dijo uno de los testigos.
Según fuentes de la investigación, a esta circunstancia habría que sumarle el hecho de que habrían sido reticentes en sus dichos y no habrían manifestado la verdad de lo ocurrido en la época en que se vincularon con el acusado.
1Un hombre violó la perimetral, persiguió a su ex y se colgó de su auto a los gritos
2Son hermanos y trabajaban en el Consejo de la Magistratura: fueron condenados por integrar una banda de secuestradores
3El último mensaje que envió Agostina Vega, la adolescente de 14 años que desapareció en Córdoba
4Caso Porcel: la Cámara debe decidir si confirma el procesamiento y analiza un pedido de detención






